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¿Está mal no sentirse bien todo el tiempo?

¿Está mal no sentirse bien todo el tiempo?

Hace un tiempo me crucé con una canción de Marshmello y Demi Lovato que decía “está bien estar mal”. Es curioso, pero en repetidas ocasiones de mi vida he necesitado que alguien externo me “dé permiso” para estar triste, y esa letra llegó a mí justo en un momento en el que necesitaba sentir que alguien me daba permiso para estar mal.

 

La industria del bienestar nos plantea que tenemos que estar felices todo el tiempo. Y tratando de preservar ese estado “wonderful”, hemos creado nuevos términos para referirnos a quienes podrían arruinarlo. Alguien que siempre habla de lo que le entristece es un drama queen, si se queja una y otra vez de lo mismo es una persona tóxica y si se atreve a decir abiertamente lo que quiere es un intenso. Y debemos apartarnos de esos. O, al menos, eso recomiendan cientos de expertos de las emociones como una práctica saludable para resguardar tu “paz interior”. El peligro de esta tendencia a querer estar “bien” es que nos deja sin saber qué hacer con el resto de nuestros sentimientos.

 

Alguna vez te has preguntado qué hay detrás de ciertas expresiones: “te ves fea cuando lloras“, “si tienes todo para estar bien, por qué estás mal“, “pues anímate y ya, alegra esa cara y sonríe“… Se trata de frases, en apariencia inocentes, que son tan directivas como dañinas. De alguna manera, nos están diciendo que hay algo malo en como nos sentimos… que no nos deberíamos sentir así. Que no deberíamos sentir tristeza después de una pérdida, enfado y rabia después de conocer una traición. De verdad, ¿no nos deberíamos sentir así?

 

Si cambiamos de perspectiva podemos ver que estar mal es una gran ventana para el aprendizaje, y entonces la intensidad del sufrimiento se atenúa. Esto no quiere decir que, automáticamente dejemos de estar mal. Pero sí, que nos alejamos del sufrimiento. Recordemos que, el sufrimiento puede ser, o tiene una buena parte de, opcional. Entonces, podremos aprovechar la oportunidad para hacer de la resiliencia una de nuestras mayores virtudes. Es decir, sobreponiéndonos al malestar, encontrándole un sentido a nuestra vida, y aprendiendo de cada experiencia.

 

En suma, estar mal está bien cuando nos situamos en este punto desde la aceptación emocional. Cuando dejamos un espacio para que las emociones puedan coger aire y comunicarnos su mensaje.

 

¿Quién no ha sufrido alguna vez en su trabajo, por la pérdida del mismo, por su relación de pareja o sus relaciones sociales y familiares, o la ausencia de las mismas, por su salud o por la convivencia con enfermedades de aquellos a los que ama? Todos, inevitablemente todos. Es cierto que hay épocas en las que todas estas circunstancias externas negativas se agolpan de manera intensa en un periodo concreto, y es entonces cuando sientes que “no vas a poder con todo”, “cómo puedes tener tan mala suerte” y “por qué te tiene que pasar todo eso a ti”.

 

A partir de ahora ¿querrías plantearte algo diferente ante esta circunstancia?, ¿Quieres estar bien a pesar de que las cosas no vayan bien?

 

  1. Valida tus sentimientos, incluso los negativos.

 

Esto quiere decir que tienes derecho a sentirte mal, a expresarlo incluso. Si uno se niega el derecho a tener una emoción negativa (tristeza, ansiedad, frustración, decepción, miedo, etc.), será como intentar esconder bajo el agua una pelota: harás múltiples esfuerzos por disimular que está ahí, pero tarde o temprano, saldrá bruscamente a la superficie. A veces el sólo hecho de obligarte a estar bien, cuando realmente no lo estás, ejerce más presión sobre ti y te provoca más sufrimiento.

 

  1. Alerta con las exageraciones, catastrofismos y las palabras absolutistas.

 

Cuando las cosas van mal, algo que acrecienta la sensación de malestar es tener el pensamiento distorsionado de que las cosas siempre van a seguir siendo así, que jamás van a cambiar a mejor.

 

Esto es sacar una conclusión demasiado general de una etapa concreta de nuestra vida. Es importante detectar estas predicciones fatalistas que te llenan de desesperanza.

 

  1. Busca activamente emociones positivas y ponlas en primer plano.

 

Las emociones positivas a veces no han de sustituir a las negativas, sino coexistir con ellas. La idea no es tanto eliminar las emociones negativas, que además han de existir,  pues estás experimentando pérdidas (trabajo, pareja, enfermedad, etc.) u obstáculos (estrés, conflictos familiares, problemas económicos, etc.), como poner el foco en las emociones positivas y buscar estímulos que te ayuden a crearlas.

 

Imagina que estás en una fiesta y justo aparece alguien que te molesta, que te genera negatividad o no te gusta. Si te esfuerzas mucho por no mirarle, si te empeñas en hacer como si te despertara simpatía o no existiera, paradójicamente, estarás poniendo el foco de tu atención en esa persona. Cuanto más quieres no tenerla en cuenta, más la tienes y no puedes quitártela del pensamiento. Lo mejor es que la saludes, aceptes que está ahí, que te molesta y acto seguido focalices tu atención en las otras personas que sí te generan positividad. ¿La persona que te molesta seguirá estando en tu mente? Probablemente, pero ya no de la misma manera, ni en la misma intensidad, aparecerá en un plano secundario, de fondo. Lo que importa es lo que tengas en el plano principal.

 

Lo negativo no puedes sacarlo del plano, pero puedes dejarlo de música de fondo o en segundo plano visual. ¿Cómo? Haciendo zoom en lo positivo, concéntrate en lo que te aporta bienestar.

 

  1. Confía en ti y en tu capacidad para cambiar y solucionar problemas.

 

Cuidado, porque si vas pensando por la calle que puedes caerte, al final acabas cayéndote, las autoprofecías dramáticas tienden a cumplirse, porque uno se las cree firmemente y tiende a comportarse conforme a sus predicciones.

 

Estés en la situación que estés, siempre hay algo que puedes hacer para revertir en algún grado el dolor, la molestia o el malestar. Lo importante es hacer foco en las palabras “EN ALGÚN GRADO”,  y a partir de ahí creer en la capacidad de cambio que todos tenemos con nuestras acciones.

 

Las circunstancias van y vienen. El dolor es inherente al proceso de vivir, lo que hagamos con él es nuestra elección.

 

¿ Crees que se puede estar bien cuando realmente todo va mal?

 

Estar mal está bien. La alternancia en los estados anímicos forma parte de nuestra naturaleza. Así, aceptándola para construir nosotros un relato propio, lejos de la censura, la tormenta pasará.

 

Pablo Dorta (Colaborador Externo)

Psicólogo General Sanitario Nº colegiado T-3657

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