Duelo por una lactancia que quiso y no pudo ser

Duelo por lactancia

Si hablamos de duelo, normalmente pensamos en la muerte de un ser querido y, sí, es el duelo por excelencia, pero hay más. Cuando vivimos una pérdida de algo que era importante para nosotros, podemos enfrentarnos a un proceso de duelo que muchas veces no reconocemos como tal…y que muchas veces no se nos reconoce como opción real, porque «no es para tanto». Puede que nos ocurra con una ruptura de pareja, la pérdida de un trabajo o, como en este caso, cuando tu lactancia no ha podido ser.

Estás embarazada, piensas en el momento en que nazca tu bebé y decides: «voy a darle teta». Sabes que es la mejor opción de alimentación. Sabes que esos ratos juntos, pegaditos, en contacto, ayudan a crear vínculo con tu bebé. Incluso has leído aquella frase que dice que «si le das teta, le estás dando lo mejor de ti». Y tú quieres eso, dar lo mejor de ti a tu hijo/a.

Has leído, te has informado, sigues cuentas sobre lactancia en las redes sociales y eso te ha servido para tener claro que «dar de mamar es algo natural, instintivo y que todas (o la gran mayoría) podemos hacerlo«. También sabes que es un acto de entrega y conlleva cierto sacrificio, ya que, sobre todo al principio, son muchas horas dedicadas a ello, donde tus necesidades pasan a un segundo plano. Y lo asumes, incluso lo anhelas: todo por tu bebé.

No tienes dudas: si ofreces el pecho a demanda a tu bebé, TODO DEBERÍA IR BIEN. Tienes claro que no tiene que doler, porque si esto ocurre es que hay algún problema, algo va mal. Que si tu peque no gana peso pasados los primeros días, algo va mal. Y EMPIEZAS A SENTIR QUE ERES TÚ LO QUE «VA MAL». Haces lo posible por buscar soluciones, pero no siempre llegan…o no llegan rápido. Y es que, algo que no te han contado, es que esto de la lactancia es casi una carrera a contrarreloj. Es todo muy natural e instintivo, sí, pero tiene su tiempo para que sea así. Cuando no se inicia al ritmo que debería, ya llevas desventaja. Y puede que ya haya empezado tu duelo por lactancia, aunque aún no lo reconozcas.

Empiezas con algún biberón mientras buscas solución. Intentas mantener o aumentar tu producción de leche, para poder quitar esos biberones. Intentas averiguar el problema y buscar soluciones. Y lees que hay mujeres que lo consiguen gracias a su esfuerzo y perseverancia. Y SIGUES INTENTÁNDOLO. Y va pasando el tiempo. Y el CANSANCIO diario va pasando factura. Y el AGOTAMIENTO EMOCIONAL también. Porque esa no es la situación que tú querías. No es esto lo que habías deseado.

En este punto igual toca asumir que no vas a poder retomar una lactancia materna exclusiva. PERO TE DUELE. Puedes tener un entorno que te anime y te apoye: «no pasa nada si le tienes que dar biberón, lo importante es que el bebé esté bien» «no te sientas mal, lo has intentado, has hecho todo lo que has podido». Y es verdad. Estas frases probablemente serán tu consuelo más adelante, pero en este momento solo vienen a decirte que has fracasado, porque hablan en pasado, como un ciclo cerrado ya, y puede que tu aún no lo hayas cerrado, quizás sigues confiando en que, de alguna forma, lo lograrás.

Pasa el tiempo y tus esfuerzos no dan tan buenos resultados como esperabas. Puedes plantearte una lactancia mixta (al fin y al cabo es lo que vienes haciendo hasta ahora, aunque igual no has querido reconocerlo). ESTÁ BIEN. O igual lo ves en términos de blanco o negro: si no es lactancia materna exclusiva, es lactancia artificial. Quizás sientas que has fracasado y no puedas seguir intentándolo, así que decides cerrar esa puerta y abrir la de la leche artificial. ESTÁ BIEN. Porque desde que nació tu bebé no has parado de luchar y eso agota, física y emocionalmente. Y aunque una madre está dispuesta a todo por su peque, todo tiene un límite…y es sano que así sea.

DUELE. Porque querías dar lo mejor de ti a tu bebé y sientes que no has podido hacerlo. DUELE. Y te sientes culpable, triste, desanimada…ESTÁ BIEN. PERMÍTETE SENTIR ese dolor, esa frustración, para luego renacer con fuerza. Por tu bebé. Por ti. Porque LO MEJOR DE TI NO ES TU LECHE, ERES TÚ (no lo olvides).

Judit Hernández Rodríguez<br>Psicóloga General Sanitaria (Col- T-2346)
Judit Hernández Rodríguez
Psicóloga General Sanitaria (Col- T-2346)

Especialista en atención a niños/as, adolescentes y familias, así como en psicología perinatal.

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