Mudarse de ciudad: el arte de vivir sin certezas

Mudarse de ciudad e incertidumbre emocional

Mudarse de ciudad implica enfrentarse a la incertidumbre. Este proceso, aunque muchas veces es elegido, puede generar un fuerte impacto emocional al alejarnos de lo conocido y adaptarnos a un entorno nuevo.

Mudarse de ciudad: una experiencia llena de incertidumbre

El proceso de globalización y desarrollo tecnológico nos ha facilitado la posibilidad de cruzar el mundo en horas. Por ello, los flujos migratorios por desarrollo personal, trabajo o amor son hoy una realidad cotidiana en nuestras sociedades. Pero este proceso, aunque escogido voluntariamente, supone una ruptura con nuestra identidad personal (familia, amigos, vecinos, entre otros) y geográfica (topografía, clima, cultura local). Y esto, a veces, puede suponer la exposición a un periodo prolongado de incertidumbre.

Por qué el cambio genera malestar emocional

Entendemos la tolerancia a la incertidumbre como la capacidad de la persona a soportar la falta de información o el desconocimiento de resultados futuros sin experimentar un malestar excesivo, y una mala gestión de esta está muy asociada a sintomatología ansiosa y depresiva.

Pero, desde una perspectiva operativa y “pro-psicológica”, podemos entender este fenómeno como la capacidad de la persona para sentir y vivir esta falta y desconocimiento como una fuente de crecimiento y desarrollo, no de malestar.

En ocasiones, puede que esta última definición suene utópica, pero esto no quiere decir que sea inalcanzable. ¿Cómo nos aproximamos a ello?

Estrategias para gestionar la incertidumbre al mudarse de ciudad

Diversos estudios avalan la utilización de diversas técnicas y estrategias dentro de programas de intervención como efectivos para conseguir este cambio de relación con lo incierto (Hammarberg et al. (2023); Miller y McGuire (2023); Wilson et al. (2023); Mofrad et al. (2025)):

En primer lugar, apuntan a la exposición conductual como una técnica central que consiste en enfrentarse deliberadamente a situaciones con resultados desconocidos sin recurrir a «conductas de seguridad» o búsqueda de reaseguramiento.

El objetivo es habituarse a la sensación física de inquietud y comprobar que la falta de certeza no conduce inevitablemente a un desastre.

Algunos ejemplos pueden ser ir a ver una película sin leer críticas previas, enviar un correo electrónico sin revisarlo varias veces, acudir a un lugar nuevo sin investigar previamente, ir a un restaurante por primera vez sin revisar la carta, o delegar tareas sin supervisarlas.

Desde un acercamiento más cognitivo, estos mismos autores aluden también a la importancia de la reevaluación cognitiva de la utilidad de la preocupación, enfocándose en identificar y cuestionar las creencias de que preocuparse ayuda a estar preparado o a evitar eventos negativos.

Enseñan a través de la autorreflexión a diferenciar entre problemas reales (que requieren acción inmediata) y preocupaciones hipotéticas sobre el futuro que no tienen solución actual, sobre las que no se tienen control.

Al comprender que la preocupación excesiva es un intento fallido de obtener seguridad, dado que el futuro siempre lleva consigo una “incertidumbre inerradicable”, el individuo puede aprender a soltar la necesidad de control y aceptar la incertidumbre como una parte intrínseca de la vida. Ante un suceso, podemos preguntarnos, ¿podemos hacer algo ahora para solucionarlo o la mayoría de factores no dependen de nosotros?

Cómo transformar la incertidumbre en una oportunidad de crecimiento

Finalmente, utilizado por Mofrad et al. (2025) en su programa de intervención grupal “Haciéndonos amigos de la incertidumbre” (MFWU, por sus siglas en inglés), el enfoque de «hacerse amigo de la incertidumbre» utiliza experiencias de «incertidumbre segura» mediante juegos y actividades lúdicas para cambiar la relación emocional con lo desconocido.

Por ejemplo, juegos de mesa con resultados inciertos (como el Jenga, el Pop-up o el Jungle Speed), el ejercicio de “Qué hay en la bolsa” o probar alimentos nuevos o inusuales son algunas de las actividades que se utilizan.

Mudarse de ciudad también puede ser un proceso de desarrollo personal

Mudarse o viajar durante un tiempo o indefinidamente a otro lugar obliga a exponerse a múltiples incertidumbres (sociales, laborales, identitarias), y esa exposición puede funcionar como un entrenamiento natural de tolerancia a la misma.

En lugar de ver la incertidumbre como una amenaza que debe eliminarse, debemos entrenarnos para verla como una oportunidad de aprendizaje, un elemento inevitable de la vida que no tiene por qué ser peligroso.

Quién sabe si ese futuro incierto no será la demostración de que una colección de postales en los que se te ve desarrollándote individual y profesionalmente, descubriendo el amor duradero o exponiéndote a situaciones o contextos nuevos, no son ninguna renuncia o problema a resolver, sino los requisitos para una vida con sentido.

 

Bibliografía

Hammarberg, S. A. W., Toth-Pal, E., Jansson-Fröjmark, M., Lundgren, T., Westman, J., & Bohman, B. (2023). Intolerance-of-uncertainty therapy versus metacognitive therapy for generalized anxiety disorder in primary health care: A randomized controlled pilot
trial. PLoS ONE, 18(6), e0287171. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0287171

Miller, M. L., & McGuire, J. F. (2023). Targeting intolerance of uncertainty in treatment: A meta-analysis of therapeutic effects, treatment moderators, and underlying mechanisms. Journal Of Affective Disorders, 341, 283-
295. https://doi.org/10.1016/j.jad.2023.08.132

Mofrad, L., Hall, D., Tiplady, A., & Freeston, M. H. (2025). Making friends with uncertainty: evaluation of a group intervention targeting intolerance of uncertainty in a Talking Therapies service. The Cognitive Behaviour
Therapist, 18. https://doi.org/10.1017/s1754470x25100202

Wilson, E. J., Abbott, M. J., & Norton, A. R. (2023). The impact of psychological treatment on intolerance of uncertainty in generalized anxiety disorder: A systematic review and meta-analysis. Journal Of Anxiety Disorders, 97,
102729. https://doi.org/10.1016/j.janxdis.2023.102729

Juan Carlos Martínez Sánchez
Psicólogo en prácticas

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