Vivimos en una época hiperconectada a través de redes sociales, grupos de mensajería, reuniones virtuales y cientos de “contactos”. Puede ocurrir que, teniendo amigos, amigas, compartiendo grupos, teniendo lista de seguidores y seguidoras en redes sociales, sea una persona adulta jubilada con hijos e hijos…. experimente una sensación dolorosa de soledad.
¿Qué es la soledad no deseada?
No hablamos de la soledad elegida, esa que a veces necesitamos para descansar, reflexionar o reencontrarnos con nosotros mismos, sino de otra que duele, se siente como un vacío.
La soledad no deseada se caracteriza por una sensación persistente de aislamiento y desconexión social que surge a pesar del deseo y los esfuerzos por mantener relaciones significativas y satisfactorias. Este estado emocional puede tener serias repercusiones en la calidad de vida de la persona que la sufre.
La calidad de los vínculos importa más que la cantidad
No depende tanto de la cantidad de personas que nos rodean, sino de la calidad emocional de nuestras relaciones.
Puede afectar a cualquier persona, en cualquier etapa de la vida. Sin embargo, es más frecuente en:
- Personas mayores que han perdido a su pareja o círculo cercano, tienen dificultades de movilidad que dificulta las relaciones, jubilación, estereotipos negativos vinculados a la edad.
- Jóvenes que no se sienten aceptados o comprendidos.
- Personas que atraviesan cambios vitales (mudanzas, rupturas, desempleo).
- Quienes viven procesos migratorios.
- Personas con dificultades para establecer vínculos afectivos seguros.
Somos seres sociales por naturaleza. Desde el nacimiento, necesitamos del otro para sobrevivir física y emocionalmente. Cuando esa conexión falla o se debilita, nuestro cerebro lo interpreta como una amenaza.
La soledad prolongada puede afectar a la autoestima, estado cognitivo, estado de ánimo, motivación, salud física,…
La soledad no deseada duele, entre otros, porque nos hace sentir invisibles.
Señales de soledad no deseada
- Sensación de vacío.
- Pensamientos como “no le importo a nadie”.
- Aislamiento progresivo.
- Miedo al rechazo.
- Sensación de desconexión incluso en compañía.
Cómo empezar a transformarla
Reconocerlo no es debilidad, es el primer paso para transformarlo.
La solución no es simplemente “salir más” o “conocer gente”. En ocasiones, el primer vínculo que necesita fortalecerse es el interno.
La conexión es una necesidad humana, no un capricho, buscarla no te hace dependiente, te hace humano.
La soledad no deseada no define quién eres. Es una experiencia, no una identidad. Y como toda experiencia emocional, puede transformarse con apoyo, tiempo y conciencia.
Belén Monje Benítez
Psicóloga Sanitaria Nº Colegiada T-1371