La autoexigencia en la era de la inmediatez

Hombre corriendo rodeado de relojes y notificaciones representando la autoexigencia y la presión constante por la productividad

Autoexigencia e inmediatez: vivir sintiendo que nunca es suficiente

Últimamente, da la sensación de que siempre llegamos tarde a algo.

Tarde a nuestras metas, a la versión de nosotros mismos que imaginábamos ser o incluso a la forma en la que creemos que deberíamos sentirnos.

Cuando descansar empieza a generar culpa

Parece que descansar incomoda, parar genera culpa y sentirse mal durante demasiado tiempo se vive casi como un fracaso personal.

Vivimos en una época donde todo ocurre deprisa. Las respuestas son inmediatas, las comparaciones constantes y las expectativas parecen no detenerse nunca. En medio de este ritmo, muchas veces la autoexigencia se disfraza de productividad, disciplina o crecimiento personal, hasta el punto de que dejar de hacer algo puede hacernos sentir insuficientes.

Cuando incluso sanar parece tener un tiempo límite

Da la sensación de que ya no solo tenemos que hacer más, sino también estar bien cuanto antes. Superar una ruptura rápido, recuperar la motivación rápido o aprender a gestionar el malestar de forma inmediata. Y cuando eso no ocurre, aparece una sensación silenciosa de estar fallando incluso en nuestros propios procesos emocionales.

En muchas ocasiones, intentamos alejarnos rápidamente de aquello que incomoda: la tristeza, la incertidumbre, la frustración o el vacío. Sin embargo, evitar constantemente determinadas emociones no siempre reduce el malestar; a veces también termina alejándonos de nosotros mismos y de aquello que realmente somos.

Adaptarse, sanar o reconstruirse emocionalmente requiere tiempo, pausa y reflexión. No todas las emociones necesitan resolverse inmediatamente, ni todos los momentos difíciles deberían vivirse como algo que hay que corregir cuanto antes.

Autoexigencia e inmediatez: la dificultad de permitirse parar

A veces basta con abrir el móvil unos minutos para sentir que todo el mundo avanza más rápido que nosotros. Redes sociales llenas de rutinas perfectas, productividad constante, bienestar, éxito o personas que parecen tener siempre la vida bajo control.

La comparación continua puede hacer que aparezca la sensación de no estar haciendo suficiente, de no llegar nunca a donde “deberíamos” estar o incluso de ser incapaces de alcanzar aquello que vemos constantemente en los demás.

En esta línea, Madeleine Dore (2023) reflexiona sobre cómo la productividad ha terminado convirtiéndose, en muchos casos, en una medida de valor personal. Descansar deja de entenderse como una necesidad humana para convertirse, a veces, en una sensación de improductividad.

Aprender a sostenernos

Tal vez parte del cuidado psicológico actual consista también en aprender a sostener la incomodidad sin exigirnos resolverla constantemente, dejar de convertir el bienestar en una meta inmediata y permitirnos atravesar los procesos emocionales con mayor amabilidad.

Sara González
Psicóloga