Ante lo adverso, busca el equilibrio en el cambio

Trastorno Bipolar

En consulta o a pie de calle me parece muy curioso la facilidad que tienen las personas para decir que creen ser “bipolares”, o comentar que [email protected] de tal “es bipolar”.

El desconocimiento de esta enfermedad sirve fácilmente para describir un estado personal, apoyándose en el hecho de cualquier actitud o conducta en la que cierta persona gire en su forma de proceder o sentir. Digo lo de gire porque sí que parece saberse que se cambia y rápido de estado emocional.

Aclaremos el tema:

El Trastorno Bipolar es una enfermedad mental que se caracteriza por las fluctuaciones intensas en el humor, la conducta, el pensamiento, la energía y la capacidad de realizar actividades de la vida diaria. En ocasiones la persona puede sentirse extremadamente «animada», eufórica, irritable o con muchísima energía (estado maniaco) y otras veces puede sentirse deprimida, triste, indiferente o desesperanzada. Quede claro que el cambio no es de un instante a otro.

Los familiares de la persona enferma, ante esta situación tan cambiante, han de sobrevivir a un sinfín de oscilaciones. Han de aceptar que la enfermedad ha venido para quedarse así como los estabilizadores del ánimo, los antidepresivos, y los antipsicóticos. La medicación estará presente en sus vidas y por largo tiempo. La enfermedad es engañosa en muchas ocasiones y en los primeros años, sí, años, confiarás en que el estado más alegre es sanación. ¡Nada más lejos de la realidad!

Hace veintidós años viajé unos miles de kilómetros hasta Mallorca donde se encontraba mi madre con una crisis maniaca. Era su primera vez y también la mía ante esta enfermedad. La distancia le dio pie al trastorno a que hiciera de las suyas y allí comenzó un largo recorrido hasta la actualidad.

Me recuerdo en el taxi de camino al hospital y me fijaba en todos aquellos molinos de viento que acompañaban mi mirada. Pensaba que no siempre sería fácil adaptarse al ritmo del viento, a veces suave y otras mucho más vendaval. Suponía que todos ellos debían estar bien engrasados para no romperse tras cada vuelta del viento. No tenía idea de lo que me esperaba ni de cómo podría ir llevando los primeros momentos tras el diagnóstico.

Amor, paciencia y comprensión ante el Trastorno Bipolar.

 

Paciencia y amabilidad. Lidiar con los altos y bajos, con las sacudidas de las noches en vela, con la irritabilidad y el desafío de la persona que quieres y sufre la enfermedad, es intenso. Con el tiempo he aprendido a saltar entre dos personas que llevan la comba. Una a veces le da bien rápido la vuelta y al mismo tiempo su pareja le da sin fuerzas. Te ves en medio intentando sostenerte y seguir saltando al juego del equilibrio.

Por momentos me imaginaba en calma tras una gran tormenta y eso me ayudaba y sostenía en marcha. El amor a tu familiar con la enfermedad te lleva a ser como un molino y a adaptarte al movimiento. Reconozco que sin el cariño, la paciencia y la búsqueda de la serenidad, el acompañamiento hubiera sido muy duro. Quizás lo fue mucho y el tiempo ha ido borrando la huella del sufrimiento. Ahora todo es diferente. La enfermedad se aletarga y la adherencia al tratamiento es fundamental. La terapia debe apoyar tanto a la persona enferma como a la familia, así que si estás viviendo esta situación, tienes dudas, o te preocupa cómo acompañar ante el trastorno puedes contactarnos en Dánae. Te ayudaremos a entender tanta oscilación.

Tanto la psicóloga como la hija que soy te diría que las aspas bien engrasadas de amor, paciencia, y comprensión, deben indicarte que el autocuidado para enfrentar cualquier brisa suave o mal tiempo que se presente es imprescindible. Con un buen cuidado y con la confianza en que se podrá estar a la altura de las circunstancias las ráfagas de la tranquilidad nos inundarán.

M.Goretti González
Psicóloga General Sanitaria
T–03125

 

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